Esta serie, realizada sobre capas superpuestas de plexiglás, retoma el lenguaje visual de los mapas antiguos y lo transforma en una abstracción poética. Las finas líneas de cuadrícula evocan rutas, constelaciones o sistemas de navegación, mientras formas orgánicas fluidas—en rojo, azul y tonos terrosos—aparecen como islas a la deriva o continentes en desplazamiento dentro de un mar atemporal. La profundidad transparente del plexiglás introduce fragilidad y precisión, como si memoria y orientación se superpusieran a través del tiempo.
Estas obras invitan a reconsiderar la cartografía no como un registro fijo del territorio, sino como una negociación imaginativa entre caos y orden, presencia y ausencia. Su construcción tridimensional genera sombras cambiantes con la luz del día, de modo que la percepción de la obra se convierte en un acto de navegación.












