Oración oxidada se despliega sobre una superficie modelada por el tiempo y la transformación. El fondo se construye con pan de cobre patinado, generando un campo marcado por la oxidación y la profundidad tonal. Las figuras, realizadas también en cobre, emergen de este terreno envejecido como presencias que surgen desde abajo.
La obra sugiere una superficie atravesada por el tiempo, donde las marcas se elevan suavemente como voces distantes. Lo que aparece es menos una representación que una invocación: una meditación sobre la permanencia, la erosión y la persistencia de la resonancia interior.







